—¿Pero está de cuidado, de cuidado?—interrogó el mozo abriendo cuanto podía sus ojos chicos.
—Podrá estarlo muy en breve.
—¡Diablo, diablo, diablo! ¿usted cree que tiene una tisis, una tisis?—(tiziz pronunciaba Perico.)
—No digo tanto: opino que aún no se halla interesado el pulmón, pero en el momento menos pensado la sangre se agolpa allí, la congestión sobreviene, y... a cada instante se dan casos de ese género. Hay en ella un terrible empobrecimiento de la sangre: está con el pulso de un pollo: hay además una sobreexcitación nerviosa que se acentúa periódicamente, y una honda perturbación gástrica.... Si valiese mi parecer, aprovecharían ustedes el otoño para tomar unas aguas....
—¿Panticosa, Panticosa?
—En este caso tengo, por preferibles los manantiales ferruginosos de Vichy.... La anemia es el primer enemigo que hay que combatir, y la indicación gástrica está también atendida en esas aguas.... En segundo término, Aguas-Buenas o Puertollano... pero no se descuide usted: en esta quincena ha perdido terreno, y la alopecia y el sudar son síntomas muy característicos....
Y como Perico se retirase cabizbajo, añadió el doctor:
—Sobre todo pocas excitaciones... nada de bailar, ni de nadar... reposo moral... ni música, ni novelas.... Las aldeanas que padecen el mal de su hermana de usted se curan con agua, donde echan un manojo de clavos, o escoria de fragua.... La civilización hace artificioso todo: si quiere sanar, que no trasnoche, que no ande en funciones... el corsé flojo, los tacones anchos....
—Sí, sí, pide peras al olmo, al olmo—ceceaba Perico por lo bajo—. Cualquier día se pone mi señora hermana un alfiler menos, un alfiler menos, aunque se la lleve pateta.
Cuando Pilar supo la decisión del Esculapio, colgárse del cuello de Perico, en un arranque de amor fraternal no manifestado hasta entonces. Hizo mil monerías felinas, se volvió dulce, obediente, prudentísima en todo, prometiendo cuanto se le exigía y más aún.