—La verdad es que ella es una cursi destemplada.... Pero vamos a cuentas, Periquín: ¿no me dijiste tú que se quedó muy triste, y toda turulata, cuando él se fue y entró Miranda después?
—Pero ponte en el caso, ponte en el caso.... Miranda parecía la estampa de la herejía....
—No, no quisiera verme en el caso—exclamó Pilar riendo a carcajadas.
—Luego el muy papanatas, hizo lo que todos los gallos, lo que todos los gallos que están de mal humor...—siguió Perico riendo a su vez—. Si había de ponerse agradable, de decirle algo a la pobre chica... le soltó una filípica como para ella sola, para ella sola, porque no se había vuelto a Miranda de Ebro, de Ebro, a cuidarle la pata desencolada... También sólo a él se le ocurre desmayarse por una torcedura, y no telegrafiar a su mujer avisándola.... Y le preguntó con un aire trágico, trágico: «¿dónde anda tu solícito acompañante?» Estaba el hombre celestial.
—¿Ves? Pues tiene celos el marido. Lo decía yo.... Si tú eres un inocentón.
—¡Hija, hija, hija! ¡Cualquiera me la pega a mí, a mí, en esas cuestiones! Te digo, te digo, que no tenían nada Artegui y Lucía, y Lucía....
Ahora mismo apuesto cuatro onzas, cuatro onzas....
—Pues yo—recalcó Pilar con su insistencia de enfermo lúcido—, aseguro que lo que es ella... ella... a él no le he visto, que si le viese, sabría.... Pero ella... cada suspiro le oí... y esos no son por Miranda. Está a veces tan pensativa.. aunque otras se alegra y ríe, y es una chiquilla....
—¡Bah, bah, bah! no digo yo que a ella, allá en sus adentros, sus adentros... pero tú no entiendes de esto... yo te afirmo que lo que es tener, no han tenido nada, nada... si sabré yo....
—Y yo también...—afirmó cínicamente Pilar—. Bueno, los dos acertamos... no hubo nada... pero está.... ¿cómo dicen de las palomas en el tiro? Tocada en el ala.