A 41 kilómetros de Vitoria, y al pie de la sierra de Toloño, en paraje agreste, vecino de montes y encinares, está La Bastida, villa de cerca de 400 casas y más de 2.000 vecinos.

HISTORIA

Fué antiguamente plaza de armas importante, como puede advertirse en nuestros días examinando en los vecinos riscos de Toloño las ruinas del castillo de su nombre.

Hasta el año 1200 perteneció La Bastida al reino de Navarra, y en dicha fecha es incorporada al de Castilla. Por privilegio de Fernando, el Santo, en 1242, se concede a sus habitantes «que hayedes aquellos montes para cortar y para facer como soliades haber en días del rey don Sancho y en días de mi abuelo el rey don Alonso».

Otro privilegio del mismo Rey, dice: «Sean de la villa de La Bastida no sólo los términos que poseyó en tiempo del rey de Navarra don Sancho, sino es también los que obtuvo en vida del de Castilla don Alonso.»

Cuando en 1288 fué D. Alonso de la Cerda proclamado Rey de Castilla, siguió su partido la villa, y Sancho IV la recuperó castigando cruelmente a sus principales caudillos.

En el Congreso de Olerón de 1388 el rey Carlos II de Navarra pidió que La Bastida volviese nuevamente a su corona. En 1370 don Enrique II de Castilla la donó a su repostero mayor D. Diego Gómez Sarmiento, juntamente con su castillo, vecinos y moradores, ventas, aldeas, alcabalas pertenecientes al Rey, con el señorío y jurisdicción criminal y civil, donación que fué confirmada por D. Juan I en 1379.

Del señorío de Diego Pérez Sarmiento pasó la villa al condado de Salinas, pero como el Conde, en 1554, nombrase un corregidor contra el deseo del vecindario y éste acudiese a la Chancillería de Valladolid, ocurrió que la Chancillería condenó al Conde a no poner nunca en la villa Alcalde mayor que conociese en previa instancia; y aunque le autorizaba a enviar jueces de residencia por espacio de treinta días, ordenaba que no se molestase en nada al Alcalde mayor elegido por el vecindario. Del Conde de Salinas pasó al señorío de Híjar, última Casa solariega que la dominó.

MONUMENTOS.

Una excursión por La Bastida y sus alrededores, paseando la villa histórica, el cementerio antropoideo de San Martín de los Monjes, las ruinas del castillo de Toloño, el claustro derruído del que fué convento de San Francisco, y a dos kilómetros de las ruinas del convento, los restos de algún arco de los diez que formaban el acueducto por donde se traían al convento las aguas de la sierra, nos refrendó la sensación de riqueza arqueológica que la lectura de historias y cronicones nos había dado.