»La antedicha Vía romana, según los restos encontrados en Comunión y en otros puntos, tuvo una anchura de 24 pies; estaba rellena de gruesa grava, recubierta por una capa más menuda y tenía en sus bordes filas de piedras que le servían de apoyo.» ([V. pág. 31.])

Aun cuando el Sr. Amador de los Ríos, por manifestaciones que le hizo el entonces gobernador de Álava, D. Florencio Janer, se inclina a creer que las ruinas de Iruña acusan una población romana importante, el testimonio más moderno y más documentado, por consiguiente, del Sr. Baráibar, fundándose en que las ruinas carecen de cimientos, de trazados de calles, de alineación, etc., etc., refuerza nuestra modestísima afirmación de que Roma no dejó en Álava conventos, colonias, ni municipios, ni, por lo tanto, poblaciones; sino castros, mansiones, faros, esto es, la huella pasajera, la huella militar.

A pesar de esto, como el testimonio del Sr. Amador de los Ríos, aun cuando fuese en este punto equivocado, siempre sería interesante, copíamoslo a continuación:

«A dos leguas al Occidente de Vitoria se eleva una colina rodeada totalmente por el río Zadorra; sus desiguales líneas, no menos que los grandes frogones que la contornan y los despedazados sillares, piedras de construcción y numerosos fragmentos de ladrillos, tejas y vasijas que en su centro se muestran, autorizan la constante tradición de que existió allí no insignificante población romana, excitando vivamente la curiosidad de los doctos.

»Cedieron a este noble estímulo en octubre de 1866 el referido Gobernador y la Comisión provincial de Monumentos, y realizaron en Iruña un ligero ensayo de excavación, que si produjo «el conocimiento de la importancia de la población que un día allí existiera, por la extensión de los trozos de muralla que aun se sostienen, alcanzando en algunos puntos hasta catorce pies de grueso», sólo daba al gabinete provincial de antigüedades algunos fragmentos ilegibles de inscripciones, un aro o virola de metal, una punta de espada y varios clavos antiguos, sumamente enmohecidos.

»El Gobernador afirmaba que un pavimento «embaldosado de mármoles jaspeados» que encontró a poco más de un metro de profundidad era lo más notable del descubrimiento.»

Hasta aquí el Sr. Amador de los Ríos, que, como se ve, comienza por la ufana creencia de que en Iruña hubo «una no insignificante población romana», y acaba con el desencanto de ser un pavimento de mosaico «lo más notable del descubrimiento».

En el citado Diccionario de la Academia de la Historia se habla también de otro descubrimiento en las cercanías de Cabriana, donde se supone que estuvo Deóbriga. «Se acaba de descubrir—habla el diccionario—en las heredades labrantías de Cabriana, un edificio romano con diferentes pavimentos mosaicos, entre los que sobresale uno con las cuatro estaciones del año, representadas por mujeres hasta medio cuerpo, con los atributos correspondientes a cada estación y dos grifos, todo repartido en seis cuadros, adornados con grecas del mejor gusto, entrelazadas con mucha gracia por todo el pavimento.