Está a cinco kilómetros de Vitoria, en terrenos fértiles regados por el río Alegría y varios arroyos, y tiene unas 50 casas y cerca de 300 vecinos.

MONUMENTOS.

Son dignos de mención en este lugar: la iglesia parroquial, del arciprestazgo de Armentia, que está consagrada a San Esteban y es de las contadísimas modernas de la provincia, con su portada y torre de un estilo imitando al Renacimiento; el llamado «palacio de los hijosdalgo»—con un cuerpo central de dos pisos y dos cuerpos laterales que lo flanquean, más altos y bastante más modernos,—que ofrece en su portada las señales de un severo arco románico, y encima de él, grabado en piedra toscamente, un escudo de armas sostenido por dos figuras como de leones, una estatua mutilada, de análogo carácter a las de Armentia, y, finalmente, la curiosísima «columna de Zurbano»—especie de trofeo situado en las afueras del lugar, a campo libre,—que es uno de los monumentos más extraños y singulares.

Sobre un ancho sillar de piedra se eleva un pedestal sencillo, de carácter completamente moderno, que desdice del resto del monumento y aun hace sospechar que en nada se relacione con él.

El monumento propiamente dicho, es simplemente una columna de altura como de unos cinco metros, formando una pirámide invertida.

Esta pirámide, cuadrangular, tiene dos caras lisas y dos labradas, puestas alternativamente. Las caras lisas arrancan del pedestal y suben, rectamente, hasta el remate, donde aparecen cobijadas por un tejadillo labrado en la misma piedra. Las caras con labores arrancan desde el pedestal y ofrecen: la del Norte, un mascaroncillo entre dos piernas; luego una mujer desnuda, en actitud de sujetarse el vientre y, por fin, un medio cuerpo humano que asciende, por esfuerzo de sus piernas y tiene entre ellas, en la región posterior, otro mascaroncillo burlesco.

La cara de la columna que da al Sur ofrece en el arranque del pedestal una figura semejante, casi diríamos idéntica, al San Lucas del Tetramorfo, de Armentia; y luego, como cabalgando sobre él, abrazado a la columna y en actitud de ir escalándola, un precioso desnudo que tiene colocada burlescamente una cabeza de asno.

El realismo de estos grotescos sorprendentes parece indicar un origen románico, como tantas otras figuras semejantes estudiadas en la ornamentación de portadas y fenestras. De todas suertes, la «columna de Zurbano», cuyo origen, ni documental ni fabuloso, hemos podido averiguar, es un interesante y curiosísimo monumento.

LÍNEAS FINALES