Entonces puso su mano sobre la mandíbula de uno de sus compañeros, y le abrió la boca exclamando:

—Héle aquí; pero no habla.

Era aquel que, desterrado de Roma, ahogó la duda en el corazón de César, afirmando que el que está preparado, se perjudica en aplazar la realización de una empresa. ¡Oh! ¡Cuán acorbardado me parecía con su lengua cortada en la garganta aquel Curión, que tan audaz fué para hablar!

Otro, que tenía las manos cortadas, levantando sus muñones al aire sombrío, de tal modo que se inundaba la cara de sangre, gritó:

—Acuérdate también de Mosca, que dijo, ¡desventurado!: "Cosa hecha está concluída." Palabras que fueron el origen de las discordias civiles de los toscanos.

—¡Y de la muerte de tu raza!—exclamé yo.

Entonces él, acumulando dolor sobre dolor, se alejó como una persona triste y demente.

Continué examinando la banda infernal, y vi cosas que no me atrevería a referir sin otra prueba, si no fuese por la seguridad de mi conciencia; esa buena compañera, que confiada en su pureza, fortifica tanto el corazón del hombre: vi, en efecto, y aun me parece que lo estoy viendo, un cuerpo sin cabeza, andando como los demás que formaban aquella triste grey: asida por los cabellos, y pendiente a guisa de linterna, llevaba en una mano su cabeza cortada, la cual nos miraba exclamando: "¡Ay de mí!" Servíase de sí mismo como de una lámpara, y eran dos en uno y uno en dos: cómo puede ser esto, sólo lo sabe Aquél que nos gobierna. Cuando llegó al pie del puente, levantó en alto su brazo con la cabeza para acercarnos más sus palabras, que fueron éstas:

—Mira mi tormento cruel, tú que, aunque estás vivo, vas contemplando los muertos: ve si puede haber alguno tan grande como éste. Y para que puedas dar noticias mías, sabe que yo soy Bertrán de Born, aquel que dió tan malos consejos al rey joven. Yo armé al padre y al hijo uno contra otro: no hizo más Aquitofel con sus perversas instigaciones a David y Absalón. Por haber dividido a personas tan unidas, llevo ¡ay de mí! mi cabeza separada de su principio, que queda encerrado en este tronco: así se observa conmigo la pena del talión.