EL GENERAL QUIROGA
A LOS HABITANTES DE LAS PROVINCIAS INTERIORES DE LA REPÚBLICA ARGENTINA

Mis compatriotas: Ninguna resolución es más poderosa que la invocación de la patria, anunciando a sus hijos la ocasión de domar el orgullo de los opresores de los pueblos. Había formado la decisión de no volver a aparecer[{343}] como hombre público; mas mis principios han sofocado tales propósitos. Me tenéis ya en campaña para contribuir a que desaparezcan esos seres funestos que osadamente han despedazado los vínculos entre el pueblo y las leyes.

Las provincias litorales, después de un largo sufrimiento de humillaciones muy marcadas en obsequio de la paz, y de haber perdido todas esperanzas de una reconciliación fraternal y benéfica que consultase la libre existencia de todas, han puesto en acción sus recursos para guardar sus libertades y salvar las vuestras. Fieles y consecuentes a la amistad, han jurado que las armas que han empuñado no las depondrán hasta no dejar salva la patria, libres y en tranquilidad los pueblos oprimidos de la República Argentina.

Los instantes de crisis que apuntan el término de la existencia de los pérfidos anarquistas del 1.º de diciembre, que os han sumido en los males que os agobian, se dejan sentir ya manifiestamente.

Ejércitos respetables marchan en diferentes direcciones para combatir y destruir en todos puntos a los anarquizadores. El excelentísimo señor gobernador de Santa Fe, brigadier don Estanislao López, es el jefe que manda las fuerzas combinadas de los Gobiernos litorales aliados en perpetua federación, y que ya están en campaña. Una división de este ejército, a las órdenes del general don Felipe Ibarra, se interna a Santiago a engrosar las fuerzas que operan por esa parte, y el excelentísimo señor gobernador de la provincia de Buenos Aires, general don Juan Manuel de Rosas, se halla situado a los confines de su territorio por el Norte con un fuerte ejército de reserva. En fin: todo anuncia que ya podéis contaros en el número de los hijos de la libertad.[{344}]

Estoy, pues, en campaña, mis amigos, al frente de una división del ejército combinado y a las órdenes del excelentísimo señor general en jefe, para redimiros del cautiverio. Marcho a protegeros y no a oprimiros. Vengo a haceros partícipes de los auspicios que os extienden las provincias litorales para aliviar vuestras desgracias, y a serviros de apoyo contra la crueldad y perfidia de vuestros opresores.

No trato de sorprenderos ni de llamaros en mi auxilio; lo primero sería engañaros; lo segundo, un insulto a la decisión con que constantemente se han mantenido las provincias por la causa de la libertad. Esta verdad se encuentra plenamente comprobada en el hecho mismo de que habéis formado tres ejércitos de hombres puramente voluntarios para sostener los derechos de los pueblos, sin haber tenido enganche que os halagase, ni la más remota esperanza del miserable celo del saqueo; la moral fué vuestra guía, y la seguisteis hasta la conclusión de los dos últimos ejércitos, que fueron tan desgraciados como feliz el primero. Si bien que vive vuestro amigo.—San Luis, marzo 22 de 1831.—Juan Facundo Quiroga.

IV

PROCLAMA