Mas no, si dá el aviso
al reverendo Padre,
y éste es tan docto y bueno
cual dicen todos, volará á ampararme.
¡Oh Soberana Vírgen,
de desdichados Madre:
su corazon ablanda
para que venga pronto á consolarme!
(Queda en silencio: dá la una el reloj del convento: se abre la portería, en la que aparecen el P. Guardian y el H. Meliton con un farol: éste se queda en la puerta y aquel sale á la escena.)