pues se conmueve en extremo.

(Llévanse los soldados la camilla; entra tambien el Cirujano, y Don Cárlos queda pensativo y lloroso.)

ESCENA VIII.

D. Cárlos.

¿Ha de morir... ¡qué rigor!

tan bizarro militar?

Si no le puedo salvar

será eterno mi dolor.

Puesto que él me salvó á mí,

y desde el momento aquel