vuestra cómplice, os perdió,

y sin lengua me pidió

que el suyo y mi honor reclame.

Don Cárlos de Vargas soy,

que por vuestro crímen es

de Calatrava marqués:

temblad, que ante vos estoy.

D. Álvaro.

No sé temblar... Sorprendido,

sí, me teneis...