D. Álvaro.
Salgamos sin más tardanza.
(Deteniéndose.)
Mas, Don Cárlos... ¡ah! ¿podreis
sospecharme con razon
de falta de corazon?
No, no, que me conoceis.
Si el orgullo, principal
y tan poderoso agente
en las acciones del ente
D. Álvaro.
Salgamos sin más tardanza.
(Deteniéndose.)
Mas, Don Cárlos... ¡ah! ¿podreis
sospecharme con razon
de falta de corazon?
No, no, que me conoceis.
Si el orgullo, principal
y tan poderoso agente
en las acciones del ente