le hirió solo su destino,
y yo, á aquel ángel divino,
ni seduje, ni perdí.
Ambos nos están mirando:
desde el cielo, mi inocencia
ven, esa ciega demencia
que os agita, condenando.
D. Cárlos.
(Turbado.)
¿Pues qué?... ¿Mi hermana?... ¿Leonor?...
le hirió solo su destino,
y yo, á aquel ángel divino,
ni seduje, ni perdí.
Ambos nos están mirando:
desde el cielo, mi inocencia
ven, esa ciega demencia
que os agita, condenando.
D. Cárlos.
(Turbado.)
¿Pues qué?... ¿Mi hermana?... ¿Leonor?...