Don Fadrique, escapad: no puedo guardar más vuestra persona; andan los nuestros y los imperiales mezclados por las calles; arde el palacio del rey; hay una confusion espantosa; tomad vuestro partido. Vamos, hijos, á abrirnos paso como valientes, ó á morir como españoles.

(Vánse el capitan, las centinelas y el sargento.)

ESCENA VIII.

D. Álvaro.

Dénme una espada, volaré á la muerte,

y si es vivir mi suerte,

y no la logro en tanto desconcierto,

yo os hago, eterno Dios, voto profundo

de renunciar al mundo,

y de acabar mi vida en un desierto.