D. Álvaro.
(Con gran calma, pero sin orgullo.)
Entiendo, jóven, entiendo,
sin que escucharos me pasme,
porque he vivido en el mundo
y apurado sus afanes.
De los vanos pensamientos
que en este punto en vos arden,
tambien el juguete he sido;
quiera el Señor perdonarme.