D. Álvaro.

¡Desdichado!... ¿Qué hiciste?... ¡Leonor! ¿Eras tú?... ¿Tan cerca de mí estabas?... ¡ay! (Sin osar acercarse á los cadáveres.) Aún respira... aún palpita aquel corazon todo mio... Ángel de mi vida... vive, vive... yo te adoro... Te hallé, por fin... sí, te hallé... ¡muerta! (Queda inmóvil.)

ESCENA ÚLTIMA.

Hay un rato de silencio; los truenos resuenan más fuertes que nunca, crecen los relámpagos, y se oye cantar á lo lejos el Miserere á la comunidad, que se acerca lentamente.

Voz dentro.

Aquí, aquí; ¡qué horror!

(Don Álvaro vuelve en sí, y luego huye hácia la montaña.—Sale el P. Guardian con la comunidad, que queda asombrada.)

Guardian.

¡Dios mio!... ¡sangre derramada! ¡Cadáveres!... ¡La mujer penitente!

Frailes.