¿Tú morir á manos de un caballero? no, morirás á las del verdugo.

D. Álvaro.

¡Señor marqués de Calatrava!... Mas ¡ah! no: teneis derecho para todo... Vuestra hija es inocente... más pura que el aliento de los ángeles que rodean el trono del Altísimo. La sospecha á que puede dar orígen mi presencia aquí á tales horas concluya con mi muerte; salga envolviendo mi cadáver como si fuera mi mortaja... Sí, debo morir... pero á vuestras manos. (Pone una rodilla en tierra.) Espero resignado el golpe, no lo resistiré; ya me teneis desarmado.

(Tira la pistola, que al dar en tierra se dispara y hiere al marqués, que cae moribundo en los brazos de su hija y de los criados, dando un alarido.)

Marqués.

Muerto soy... ¡ay de mí!...

D. Álvaro.

¡Dios mio! ¡arma funesta! ¡noche terrible!

Leonor.

¡Padre! ¡¡¡padre!!!