El rey puso en libertad a los dos hermanos del joven. Éste envió por su padre, y con mucho regocijo se celebraron las 80 bodas del hijo menor con la hermosa princesa.

EL TESTAMENTO

Cierto lugareño estaba a punto de morir. No era muy rico. Sólo tenía un perro y un caballo. No tenía hijos pero tenía una mujer.

Poco antes de morir, llamó a su mujer y le dijo:

—Ya sabes que voy a morir. No te he olvidado en mi 5 testamento; pero no soy rico y no tengo más bienes que un perro y un caballo.

—Yo apreciaré tu recuerdo, marido mío,—dijo la mujer llorando.

—Después de mi muerte,—continuó el marido,—debes 10 vender el caballo y entregar el dinero a mis parientes.

—¡Cómo! ¿debo entregar el dinero a tus parientes?

—Sí; pero espera. Te regalo generosamente el perro. Puedes venderlo, si quieres, o puedes conservarlo para guardar la casa. Es un animal fiel. Te servirá de gran consuelo. 15

El lugareño se murió. La mujer quería obedecer a su marido. Una mañana cogió el caballo y el perro y los llevó a la feria.