El Sol brillaba de tal modo que sus rayos quemaban la hierba. El Rey se abrasaba de calor y decía que quería ser cómo el hermoso astro. 25

Y el ángel descendiendo del Cielo le dijo:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el Rey fue transformado en Sol, y sus rayos se derramaban sobre la tierra, abrasando las hierbecillas y haciendo brotar el sudor del rostro de los Reyes. Pero una nube se eleva en los 30 aires y tapa su luz. El Sol se irrita al ver su poder menospreciado y grita que se cambiaría por la nube.

Y el ángel desciende del Cielo y le dice:

—¡Que tu deseo sea satisfecho!

Y el Sol se convierte en nube que sombra a la tierra, y las 35 hierbecillas reverdecen.

Y la nube se abrió y de sus flancos corrieron torrentes de agua que inundaron los valles, devastaron las mieses y ahogaron las bestias; pero nada podían contra una roca, a pesar de embestirla el oleaje por todos lados. 40

Entonces gritó la nube:

—Esa roca es más poderosa que yo; quisiera ser roca.