Al fin tanto porfió la hija que el padre se lo contó todo.

Entonces la hija le dijo que la llevase a aquel jardín. El 60 padre no quería, pero al fin la llevó al jardín y la dejó en la casa como había prometido al oso. Allí tenía todo lo que deseaba, pero sin ver a nadie en la casa; sólo de noche, solía oír unos quejidos en el jardín, pero no se atrevió a llegarse a ver lo que era. Al fin, una tarde oyó que los quejidos eran más tristes 65 que de ordinario y se decidió a ver lo que era.

Entró en el jardín y junto a la planta de la flor de lis halló un oso tendido moribundo, con una mirada tan triste que a ella le dió compasión.

—¿Qué tienes?—le dijo.—¿Estás malo? 70

El oso le dijo que sí.

—¿Cómo puedo yo curarte?

Entonces el oso, señalando la flor y la planta, le contestó:

—El remedio está en tu mano.

Ella miró la planta y comprendiendo que de allí la había 75 cortado su padre, puso la flor sobre el tallo. Después dió la mano al oso que se levantó convertido en un caballero joven y hermoso, el cual le dijo que era un príncipe encantado y que gracias a ella había salido del encantamiento; que si quería casarse con él, se la llevaría a su corte y sería princesa. 80

Se fueron y se casaron y fueron felices por toda su vida, llevándose ella a su padre y a sus hermanas, que también se casaron.