En el caso actual, y verdaderamente en cualquier caso de escritura secreta, la primera cuestión es resolver el idioma de la clave; porque el principio de la solución, especialmente tratándose de cifras sencillas, depende y varía según el espíritu de la lengua en que están redactadas. En general, para aquel que intenta la solución, no hay otra alternativa sino ensayar, guiándose de probabilidades, todos los idiomas conocidos hasta que tropiece con el verdadero. Mas toda dificultad quedaba eliminada con la firma en la clave que tenemos ante los ojos. El equívoco con la palabra Kidd es apreciable solamente en inglés. A no ser por esta consideración, habría ensayado primero el español y el francés, por ser idiomas en que un pirata de los mares españoles hubiera debido escribir naturalmente un secreto de tal naturaleza. Pero en este caso di por sentado que el jeroglífico estaba combinado en inglés.
Observaréis que no existe división entre las palabras. De haberla, la tarea habría sido fácil relativamente. Habría comenzado entonces por la comparación y análisis de las palabras más cortas, y si alguna palabra constaba de una sola letra como era muy probable, a (un, una) o I (yo), por ejemplo, habría dado inmediatamente la solución por vencida. Mas no existiendo separación, mi primer movimiento fué deslindar tanto los signos predominantes como los menos frecuentes. Contándolos todos, formulé una tabla en esta forma:
| Signos | 8 | figuraban | 33 | veces |
| ; | “ | 26 | “ | |
| 4 | “ | 19 | “ | |
| ‡) | “ | 16 | “ | |
| * | “ | 13 | “ | |
| 5 | “ | 12 | “ | |
| 6 | “ | 11 | “ | |
| †I | “ | 8 | “ | |
| o | “ | 6 | “ | |
| 2 | “ | 5 | “ | |
| :3 | “ | 4 | “ | |
| ? | “ | 3 | “ | |
| ¶ | “ | 2 | “ | |
| —. | “ | 1 | “ |
Ahora bien, en inglés la letra que ocurre más frecuentemente es la e. Luego, la sucesión sigue este orden: a o i d h n r s t u y c f g l m w b k p q x z. La e predomina en tan vasta escala que muy rara vez se presenta una frase independiente, de cualquiera extensión, en que esta letra no sea el signo más repetido.
De consiguiente, tenemos ancho campo desde el principio para dar forma a algo más que una simple hipótesis. El uso general que puede hacerse de esta tabla es evidente, pero en este caso tan sólo exigiremos de ella servicios muy relativos. Como el signo principal es 8, comenzaremos dando por sentado que corresponde a la e del alfabeto regular. Para comprobar esta suposición veamos si el 8 se presenta a menudo por pares, puesto que la e se escribe doble en inglés con mucha frecuencia, por ejemplo en palabras como meet, fleet, speed, seen, been, agree, etc. En esta clave la encontramos en grupos de dos no menos de cinco veces, a pesar de que el jeroglífico es bien corto.
Supongamos entonces que el 8 es una e. Ahora bien, entre todas las palabras del idioma inglés the (el, la, los, las) es la más usada; veamos si hay repetición de tres caracteres colocados en el mismo orden en que el último sea 8. Si descubrimos repetición de tales signos, arreglados en esta forma, probablemente representan la palabra the. Observando la clave descubriremos nada menos que siete grupos en esta disposición, siendo los caracteres ;48. De manera que podemos asumir que el punto y como representa la t, el 4 representa la h, y el 8 representa la e, estando la última letra perfectamente comprobada. Así hemos avanzado un gran paso.
Por el hecho de haber descubierto esta sola palabra nos hallamos capaces de dilucidar un punto de gran importancia; esto es, el principio y la terminación de algunas otras palabras. Estudiemos, por ejemplo, la penúltima vez que se presenta la combinación ;48 no muy lejos del final del manuscrito. Sabemos ya que el punto y como que le sigue inmediatamente es el principio de otra palabra, y de los seis caracteres que suceden a este the conocemos cinco nada menos. Traduciendo dichos caracteres a las letras que hemos descubierto que representan, y dejando un espacio en blanco para el signo que desconocemos, resulta:
t eeth.
Descartamos al momento la th del final, como parte independiente de la palabra que comienza con la primera t, pues recorriendo el alfabeto entero en busca de una letra que se adapte convenientemente al sitio vacante, nos convencemos de que no existe en el idioma palabra de que esta th pueda formar parte. Quedamos así reducidos a:
t ee,