—¡Cómo!—repuso él.—¡Amontillado! ¿Una pipa? ¡Imposible! ¡Y en mitad del carnaval!
—Tengo mis dudas,—repliqué;—y he cometido la bobería de pagar el precio completo del amontillado antes de consultaros sobre este punto. No podía encontraros y temía perder un buen negocio.
—¡Amontillado!
—Tengo mis dudas.
—¡Amontillado!
—¡Amontillado!
—Como estáis comprometido, iré a buscar a Luchresi. Si alguno puede decidirlo, será él. El me dirá...
—Luchresi no puede distinguir el amontillado del jerez.
—Y sin embargo, muchos opinan que es tan buen catador como vos mismo.