—Si sólo se trata de inmovilidad y paciencia, os respondo en absoluto de mí.

—¿Sois capaz de permanecer, por espacio de treinta días, en una posición extremadamente molesta?

—Sí.

—¿Con la nariz cosida al brazo derecho?

—Sí.

—En ese caso, os cortaré del brazo un trozo triangular de piel, de quince o diez y seis centímetros de longitud, por diez u once de anchura...

—¿Que me cortaréis a mí ese trozo de piel?

—Sin duda.

—¡Pero eso es espantoso, doctor! ¡desollarme vivo! ¡sacarme el pellejo a tiras! ¡eso es bárbaro, inhumano, propio de la Edad Media, digno sólo de Shiloock, el judío de Venecia!

—Lo de menos es la herida del brazo. Lo difícil es permanecer cosido a sí mismo por espacio de treinta días.