Un palabra todavia,—llamadnos esplotadores, si os dormis leyendo nuestra traduccion,—corruptores de la conciencia pública, si ella deja en vuestro corazon, en el de vuestros hijos ó hijas, nietos, viznietos, tataranietos ó choznos, de ambos sexos, el jérmen de una mala semilla.

Es lo único que en el preámbulo podemos deciros y ofreceros; lo que debeis darnos en cambio del servicio que creemos rendiros vá en la Postdata[3], con todo lo cual quedamos, lector querido, vuestros—

muy atentos servidores.

LUCIO V. MANSILLA—DOMINGO F. SARMIENTO.

[3] Se suprime la Postdata—que salió en el Prospecto suelto.


AL LECTOR.

Lector amigo: te ofrezco este librejo, escrito para tu regalo y para el mio. No lo dedico ni á la fortuna ni á la gloria,—la fortuna es una doncella que, hace seis mil años, corre tras los jóvenes; la gloria es una vivandera que no se complace sinó con los soldados. Soy viejo, no he muerto á nadie, y por eso no tengo mas deseo que buscar la verdad á mi modo, y decirla á mi manera. Si no tengo toda la gravedad de un buey, de un ganzo, ó de un........ (escoje el nombre que quieras), perdóname; los primeros actos de la vida nos han hecho llorar lo bastante para que nos sea permitido reir antes que caiga el telon. Cuando se han perdido las ilusiones de los veinte años, no se toma á lo sério ni la comedia, ni los comediantes.

Si este librejo te agrada, bueno; si te escandaliza, tanto mejor; si lo arrojas, no tienes razon; si lo comprendes, eres mas ducho que Maquiavelo. Házlo el breviario de tus horas perdidas, que no tendrás de que arrepentirte: Non est hic piscis omnium. Las paradojas de la víspera son las verdades del dia siguiente. ¡Al buen entendedor, salud!