QUINTA MONTMORENCY.
(Seth Doolittle, propietario del Hotel de la Rosa, en Montmorency, tiene el honor de prevenir al público que, durante toda la buena estacion, los enamorados que se apeen en su casa no pagarán mas que la mitad del precio).
—¿Por qué esta escepcion,? pregunté yó.
—Amigo, respondió el hombrecillo, cruzando las manos sobre su vientre y dirijiendo sus ojos al cielo, nada hay mas bello ni mas respetable que el amor. Poned á un jóven delante de un vestido blanco y de dos bucles negros que se ajiten al viento y se sentirá tan celestial, de tal manera eterizada, que en toda la semana no descendará nunca á probar el asado. Es un robo hacer pagar el precio comun á esos ánjeles del cielo que no examinan jamás la cuenta; mi conciencia se opone á esa iniquidad.
—Ese escrúpulo te honra, dijo el exelente Humbug, mordiéndose los lábios. Pasemos á la segunda insercion:
AVISO AMISTOSO.
(Dinah D. L.—Se te suplica que no vuelvas. Tu madre goza de exelente salud; no puede arreglarse nada; y tu familia se encuentra mucho mejor desde que tú la has dejado).
—Este es un secreto de familia, dije yo sonriendo; no tiene esplicacion alguna.
—Para el público, no; para tí, doctor Smith, sí, repuso el cúacaro. Se trata de una hermana, tan loca, que por su propio interés, en el de su familia, y por respeto á la moralidad pública, la hemos enviado á California como maestra de escuela. Es de temer que la desgraciada se haya sido detenida en el camino y que quiera volver á las andadas. Teniendo esto en vista prevenímosla caritativamente,—por medio de un aviso encubierto, que haria mejor de continuar su camino: no hay lugar para ella en la casa.