Las puertas se cerrarán á las ocho de la noche en punto.

¡Pardiez! decia yo para mi coleto, leyendo y volviendo á leer esta carta,—deveras que no me disgustaria hacer relacion con un medium americano, cofrade en pneumatolojia positiva y esperimental, porque habeis de saber que yo tambien soy espiritista. ¡Que diantre! Bien puede uno no ser sino un simple vecino de Paris, y, sin embargo, haber ovocado yá lo mismo que cualquier otro á César, Napoleon, Voltaire, Madama de Pompadour, Ninon, Robespierre etc. Algo mas, y lo diré, aunque repugne á mi modestia: estos ilustres personajes no me han eclipsado con su jénio: todos me han respondido como si yo mismo les hubiera soplado la respuesta. Veamos si el Señor Jonatás Dream, con sus pretenciones de ultramar, tiene mas espíritu, ó mas espíritus que vuestro servidor, Daniel Lefebvre, médico de la facultad de Paris, discípulo en espiritismo de Mr. Hornung de Berlin, de Mr. de Keichembach y del baron de Guldenstuble.—A espiritista, espiritista y medio.

En una hermosa habitacion, al estremo de un salon herméticamente cerrado, aunque resplandeciente de luces (lo que no sucede jeneralmente en nuestras reuniones espiritistas) encontré á Mr. Jonatás Dream sentado delante de una mesa redonda. Tenia la mirada melancólica y el rostro inspirado de las sibilas. Frente á él estaban sentados media docena de sus adeptos, con aire recojido. Siempre el mismo público: jentes nerviosas, mugeres que no han sido comprendidas, sarjentos-mayores ó viudas retiradas; cada uno escribia en un papel el nombre de los muertos que queria interrogar; yo hice lo mismo que todos.

Mezclados los nombres en un sombrero, el primero que se sacó fué el de José de Maistre. Jonatás se recojió por un instante, aplicó la mano á su oido, para escuchar la voz que le hablaba muy bajo, y escribió rápidamente lo que sigue:

“—No hay conocimiento estéril; todo conocimiento se parece á aquel de que habla la Biblia: Adan conoció á Eva, y Eva concibió.”

“—Sin Credo no hay crédito.”

—Eh! eh! me dije, hé ahí unas paradojas que tienen buen aspecto; están dotadas de toda la ridiculez del padre, me parece solamente, haberlas visto yá en alguna parte: en lo de Baader, si no me engaño. Despues de todo, allá arriba no hay propiedad literaria y es muy posible que por distraccion, se entretengan en robarse las ideas. Hipócrates, vino en seguida,—tuvo la cortesanía de hablar en francés; he aquí lo que escribió su intérprete.

—El hombre que piensa mas, es el que dijiere menos. En circunstancias iguales, el que piensa menos es el que dijiere mejor.

—Ay de mi!—esclamó una mujercita, cuyo rostro descarnado, desaparecia bajo las ondas de sus cabellos encanecidos—esa es una repuesta de médico, una repuesta brutal, hecha por los hombres y para los hombres. No es ese el pensamiento que consume el corazon, es.... Y suspiró.

Se llamó á Nostradamus,—se le pidió su opinion sobre el porvenir de Polonia, de Francia, y de Italia. La siguiente es la repuesta del gran adivino, jénio sublime que deja siempre á los otros el cuidado de entender lo que dice.