—¡Cómo!—¿el injenioso D. Quijote ha vivido?—¿Y podria yo conversar con el sabio prefecto de la Insula Barataria?

—Sin duda.—Comprended pues, lo que es un poeta. Es un vidente, un profeta, que se eleva hasta el mundo invisible. Allí, entre los millones de seres que han pasado sobre la tierra, y cuyo recuerdo se ha perdido aqui abajo, él escoje aquellos que quiere hacer revivir en la memoria de los hombres.—Los evoca, les habla, les escucha, y escribe segun su dictado. Lo que la necia humanidad, toma por una invencion del artista, no es mas que la confesion de un muerto desconocido; pero vos que sois espiritista, ó que teneis pretenciones de tal, ¿cómo es que no reconoceis una voz extra-natural?—¿Porqué os dejais engañar como la multitud?—¿Tan poco adelantado estais en las vias de la medianimidad? Al hablar asi, Jonatás Dream, echó la cabeza hácia atrás, y agitando los brazos, abriendo y cerrando las manos, avanzó sobre mi, como para ahogarme en su fluido.

—Cofrade, le dije, veo que sois un hombre de talento, aunque espiritísta; y no dudo que podais escribirnos un discurcito á la D. Quijote, ó improvisar algunos nuevos refranes dignos de Sancho.—Pero estamos solos, y ambos somos agoreros; tenemos el derecho de mirarnos y hasta el de reirnos mirándonos. No pasemos adelante, os deseo un feliz éxito. En Francia es cosa sabida; el pueblo que se crée el mas espiritual de la tierra es naturalmente el que con mas facilidad se deja conducir de la punta de la nariz. Preguntádselo á las mujeres de París.

—Alto ahí,—esclamó el májico con tono furioso. ¿Me hé engañado acaso?—¿Sois un falso hermano?—¿Me tomais por un charlatan, por un mistificador, por un saltimbanqui?—Sabed que Jonatás Dream no ha dicho jamás una palabra que no fuera verdad. ¡Ah! dudais de mi poder, caballerito. ¿Qué prueba quereis que os dé?—¿Es necesario que os quite todas vuestras ideas, lo que no será dificil; es necesario haceros dormir, que paseis por el frio, el calor, el viento, ó la lluvia, es necesario....?

—Nada de magnetismo, le dije; sé que en eso hay un fenómeno natural mal conocido hasta ahora, y del cual abusais.—Si quereis convencerme, no principieis por hacer dormir.—No estamos en la Academia.

—Y bien, dijo él, fijando en mí sus ojos relucientes, ¿qué diriais si os transportára á América?

—¿A mí?—Necesito verlo para creerlo.

—Sí, á vos, esclamó, y no solamente á vos, sino á vuestra mujer, vuestros hijos, vuestros vecinos, vuestra casa, vuestra calle, y si pronunciais una palabra, á París entero.—Sí, agregó, poseido de una ajitacion febril, sí, si quiero, mañana por la mañana París estará en Massachusetts; y en los bordes del Sena no habrá mas que una llanura desierta.

—Mi querido hechicero, hubiera convenido vender vuestro secreto al señor Prefecto del Sena; eso nos habria economizado algunos millones quizá. Durante la ausencia de los parisienses, se les habria hecho un París nuevecito, recto y monótono como Nueva York; un París sin pasado, sin monumentos, sin recuerdos; nuestros arquitectos todos, y todos los maestros administradores se hubiesen enloquecido de puro gozo.

—Os chanceais; dijo Jonatás, teneis miedo....os lo repito: mañana, si quiero, París estará en Massachusetts, junto con Versalles—¿Aceptais el desafio?