La vida femenil de sus pinturas
es tan real, que llega hasta inquietarme,
pues me hace presentir que las figuras
van a salir del lienzo para hablarme.
En el estudio, lleno de tristeza,
la mujer y la fiera son tan bellas,
que parece tangible su belleza
cual si la vida palpitase en ellas.
Y a las primeras horas vespertinas,
cuando solas están mujer y fiera,
los ojos del felino tienen quedas
y lánguidas miradas femeninas,
y la mujer se mueve entre sus sedas
con felina arrogancia de pantera.

PASTORAL

I

Estoy en pleno monte. Recluído
en un camaranchón llamado escuela,
siento sobre mi alma la secuela
de la dolencia del que está aburrido.
En pleno monte. Flota en el ambiente
la gris opacidad de una neblina,
que a los rayos del sol se difumina
y se rasga en girones lentamente.
Derrama el sol su oro por los ampos,
en un derroche de alegrías gualdas,
irisando el techar del caserío;
y fingen, en el verde de los campos,
diamantes en monturas de esmeraldas
las cristalinas gotas de rocío.

II

Llueve torrencialmente, y el chubasco
es tan pródigo en agua que sepulta
los caminos en lodo. El sol se oculta
tras cortinas de nubes. De un peñasco,
dando tumbos, despéñase un torrente:
entre un choque ruidoso de guijarros
y un murmullo de roce de chinarros
se desliza del río en la corriente.
Vuelve a lucir el sol. La lluvia es fina
como agujas de plata, en cuyos ojos
ténues hilos de oro el sol enhebra;

pero quiere bordar, en sus antojos,
un capricho en el agua cristalina
y las agujas y los hilos quiebra.

1919.

EN LA QUIETUD...

En la quietud calma de la hora
el poeta relee sus poemas,
y con sus ojos, que parecen gemas,
los negros signos que escribió devora.
De la lectura de sus versos goza
besando aquellos que le mienten gozo,
y ante los tristes con pesar solloza
poniendo el alma toda en un sollozo.
Una ténue sonrisa se dibuja
en sus pálidos labios sensuales
al murmurar sus rimas musicales;
y ante las tristes y sentimentales
su alma soñadora se arrebuja
en un manto rosado de ideales.

1919.