El viejo Cristo de marfil que adorna
las desnudas paredes de tu cuarto,
aquél que obró el milagro de los peces
y de los panes ácimos,
que serenó el tumulto de los mares
con la caricia de sus pies descalzos,
y en su doctrina de piedad y amores
perdonó a Magdalena sus pecados,
Desde su cruz contempla vuestros cuerpos
en un estrecho abrazo entrelazados,
y con tristeza en sus pupilas cándidas
y en sus ojos dos lágrimas temblando
parece que te dice, entre suspiros,
y de dolor sobre su cruz llorando:

--«Como yo, tú también agonizaste
sobre la cruz de tu dolor clavado,
y las zarzas de todos los dolores
tus sienes y tu frente desgarraron:
has sufrido la mofa y el desprecio,
y has sentido en tu rostro el salivazo
del legionario que salió a tu encuentro
cuando llevabas el madero al hombro
camino del Calvario.
Tú también has sentido de la lanza
el golpe en el costado
y has muerto, como yo, cantando amores
y a todos perdonando.
Toda tu vida ha sido un ansia eterna
--moribundo y en cruz puestas las manos--
esperando el amor de los amores
para abarcarlo con tus brazos cárdenos.
Ya la pálida novia que aguardabas,
en busca de tus besos ha llegado.
Por los tristes dolores que sufríste,
por los que has de sufrir, seca tu llanto,
y a la pálida novia que a tí viene,
sedienta de tu amor, abre los brazos.
Sonríe, poeta del dolor, sonríe:
la hora de los besos ha sonado.»

1919.

EL AMOR DE LOS AMORES

La vida es un dolor. Es algo incierto,
lleno da brumas y de ensoñaciones
que nos hacen temblar. Sepulcro abierto
para enterrar en él las ilusiones.

Es triste caravana en el desierto.
Nos morimos de sed. Las desazones
son inquietantes, como un cuerpo muerto
destrozado por garras de leones.
De la vida en el áspero camino
yo he sido como humilde peregrino
que hizo el amor de su ideal un rito;
atravesó el desierto con mis penas,
y he quemado mis pies en sus arenas
en un ansia infinita de infinito.

1919.

¡BENDITA SEAS, PECADORA!

I

Yo fuí también a tí, cuando soñaba
mi deseo con curvas morbideces
y mi joven pupila dilataba
la visión de tus blancas desnudeces.
En tu boca he bebido hasta las heces,
el néctar que tu labio me brindaba,
y de amor, en tus brazos, me embriagaba,
en un ansia infinita de embriagueces.
Bendita tú, entre todas las mujeres,
porque colmas el ansia de placeres
y el ansia de placer aguijoneas.
Porque tus blancos y afilados dientes
el goce intensifican; porque mientes
un platónico amor, ¡bendita seas!

II

Yo creí adivinar en tus antojos
acicate a pasiones sexuales;
mas moduló tu voz ternuras tales,
que hasta llegué a creer en tus sonrojos.
¡Cómo fingias crisis pasionales,
de hondo y sentido amor, en tus enojos...!
¡Si hasta fingieron lágrimas tus ojos,
en sartales de perlas, a raudales...!
Porque haces olvidar, con tus engaños,
que el amor sólo brinda desengaños,
y fingiendo el amor, el amor creas;
por hacemos creer, con tus pudores,
en la sinceridad de tus amores,
¡por hacernos creer, bendita seas!