¡Adios, auras de gloria y de poesía
dulces errores y tiranos dueños!
¡Adios, por siempre, altísimos empeños
luchas sin galardón, noches sin día!
Roto el encanto, la conciencia fría
ve alzarse, hoy burladora, ayer risueños,
tiempos que fueron ya--sueño de sueños--
del porvenir la negación sombría.

Ver la felicidad y no alcanzarla,
correr tras de la gloria y no obtenerla,
tener un alma libre, esclavizarla...
¡Vida que no es ni nuestra al poseerla,
no vale el torpe afán de conservarla,
ni el miedo miserable de perderla!

A UN PALO DEL TELEGRAFO

Ayer monarca de los bosques eras,
dispensador de sombra regalada,
lecho hojoso del aura enamorada,
bulliciosa ciudad de aves parleras.
Hoy, triste, escueto, ni volver esperas
a tu pomposa juventud pasada;
de desnudéz imagen desolada,
y esqueleto de muertas primaveras.
Mas no llores tu verde lozanía,
ni las ausentes auras voladoras,
ni tu diadema de follaje vano.
Hoy de un gran porvenir marcas la vía;
tus auras son palabras vibradoras
y tu corona el pensamiento humano.


[Perejamo Morales (Angela)]

Española, con larga residencia en Filipinas. Madre de la poetisa Angelina Molina de Pando (Casandra). Vive en Cebú, islas Bisayas. Juntó los materiales para Siemprevivas, la obra poética póstuma de Angelina, publicando al frente de aquélla la siguiente composición A la memoria de su hija, de factura muy clásica.

A LA MEMORIA DE MI HIJA

Ya todo terminó; ya te marchaste;
ya no estás a mi lado;
ya se abrieron tus alas y volaste
a la inmensa región de lo ignorado.
¡Que triste, Lina mía,
nuestra casa quedó! Tú te has llevado
nuestro afán de vivir, nuestra alegría,
la esperanza de todo lo soñado
cuando estabas en nuestra compañía.
¡Quién decirnos pudiera
hace muy poco tiempo, quién pensara
que tu voz para siempre enmudeciera;
que tu risa por siempre se esfumara,
que tu cuerpo de tierra se cubriera!

¡Qué horroroso tormento
el que junto a tu lecho hemos pasado
queriendo aminorar tu sufrimiento!
¡Y éste de hoy, en que tristes, desolados,
sin poderte apartar del pensamiento
nos vernos, sin tu amor, abandonados!
Sí, como yo confío,
desde el mundo mejor en donde moras,
ves nuestro llanto y este dolor mío,
¡consuélete el saber que a todas horas
al miramos sin tí, sentimos frío!
¡Y qué pena tan fiera
es para mi pensar que no has logrado
ver realizada una ilusión que era
algo hermoso que tú habías soñado
desde los tiempos de tu edad primera!
¡Pobre consuelo el mío;
el de juntar de tu fecundo númen
las frases que leer no puedo en calma
e imprimir con mi orgullo este volúmen
en el que van pedazos de tu alma!
¡Ah, si saber te es dado
lo que pasa en el mundo que perdiste
verás el fuego con que se te ha amado,
pues desde el día horrible en que partiste,
el dolor de los tuyos no ha cesado!

Que tal vacío dejas
en el pecho de cuantos te han querido,
que aunque inútiles son todas sus quejas,
añoran siempre el dulce bien perdido,
y más te adoran cuanto más te alejas...

Cebú, Octubre 1919.