Soy de los hombres que el dolor no abate
ni la implacable adversidad humilla;
luz de esperanza en mis pupilas brilla,
hirviente sangre en mis arterias late.
Me enamoran los lances del combate
y abandono a la mar mi fuerte quilla,
buscando, como el nauta de Castilla,
tierra que ante mis ojos se dilate.
Sueño con peligrosas aventuras,
con el Sol de gloria que mi paso alumbre;
desdeño las monótonas llanuras
y alzarme quiero a la difícil cumbre,
cual águila que vive en las alturas
sin rendirse a ninguna servidumbre.

1917.

SUEÑOS

Sueños de mi niñez: sueños floridos,
que el dolorido corazón añora;
sueños de juventud, sueños de aurora,
de clara luz y de ilusión vestidos.
Sueños de gloria, ya desvanecidos,
¿por qué volvéis a mí tan a deshora?
¿Por qué turbáis mi calma bienhechora
con el loco vibrar de los sentidos?
Ya declina mi vida su carrera
de dolor, de ilusiones y de engaños;
pero, aun soñando, el corazón espera
que a través de sus mismos desengaños
las flores de una nueva primavera
broten entre la nieve de mis años.

1919.

FIN


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