«La muerte es descanso». Cerebro en que tuvo su hornaza,

la idea que urdió la epopeya inmortal de la raza,

descansa. La Patria vigila tu sueño de paz.

La patria, orgullosa, entre epónimos héroes te nombra.

Moriste dichoso, sin ver que sobre el pecho la sombra

del ala extendida y las garras del buitre voraz.

La suerte está echada. Borraste el padrón infamante,

y en su híspida senda tu pueblo camina adelante.

Tal vez llegue al fin, o tal vez lo sepulte el alud.

Ya el árbol, nutrido con sangre y acerbos dolores,