II

Ha caido Cartago. Ha caido la Roma de los cónsules, Grecia
se anquilosa en la vida de sus piedras heladas.
Toda gloria mundana se sepulta en la sima del Espacio infinito
por la acción corrosiva de las Horas en pos de las Horas.
Pese al Tiempo que roe y a la Envidia que seca,
y a los odios terrenos que al olvido condenan fraternales abrazos,
en el noble plumón de las águilas blancas
hay el sello latino de una estirpe por algo elegida,
que ni es Roma ni es Grecia; ni es Cartago ni es Nínive,
es Iberia... y es Dios!

III

Es el tiempo propicio de segar las espigas doradas
que en ya próximos días, formarán las hogazas del mortal sacrificio.
En la áurea patena, y formado con trigos de América,
yazga el pan de la Misa sobre el cáliz teñido con la sangre de España.
Pueblos fuertes, robustos, hincarán las rodillas en tierra,
ante el hondo milagro del amor que las almas auna
en la elíptica curva de la breve existencia.
Es el tiempo oportuno de coger y exprimir los racimos
cosechados enmedio del fragor de sociales contiendas,
en el dulce sosiego de la huerta nativa,
al amparo solícito de la madre Esperanza.
Esto anuncian las águilas con su ramo de paz en el pico
y la Muerte--su presa--en las garras.

IV

Nítidas cláusulas épicas: fúlgidas ondas triunfales,
todo un himno glorioso van trazando las águilas,
a golpes de huracán, al cruzar los espacios suspensos
en un éxtasis único. Viejas trompas se limpian de su herrumbre de siglos,
viejas arcas se abren, donde el tiempo juntara en revueltas marañas,
con provectos armiños las guedejas doradas de infantiles cabezas;
los aceros de guerra, en el ignoto crisol del Amor, hoy se funden
para hacer los arados que abrirán las entrañas de la fértil llanura,
y al llover el sudor de las frentes hermanas,
granarán las espigas de los trigos del Mundo
que serán los de Hispania...!

V

¡Salve fraternas repúblicas! ¡Pueblos de América, Salve!
porque cerca está el tiempo en que el sol no se ponga en los vastos dominios
que a través de milenios aún perciben la voz del gentil Romancero
y muelen su grano de ensueños e ideas en los rudos Molinos de Cervantes.
Porque cerca está el día de borrar horizontes, la Distancia y el Tiempo,
y el espíritu libre de opresores cadenas y ergástulas,
ya podrá remontarse en idéntico azul bajo todos los cielos,
que serán uno solo para todo el Imperio y los mares,
y los pechos unidos en un grito que escuchen las edades remotas
harán a Don Quijote, Emperador...

VI

¡Y tu, la hija menor, oh, Filipinas!
Vive alerta en el seno de tu actual nodriza,
fórmate exhuberante, potente y democrática,
y si algún día libre te ves de la tutela,
y falta luz a España para alumbrar sus mundos,
puedes brindarle, entonces, el sol de tu bandera...!