La luz de los voltáicos las esquinas blanquea
Un carro de basuras crujiendo traquetea.
El yanki en el delirio del wisky tambalea,
mientras, pegado a un poste, un polis cabecea.
Mis violetas suspiran en la blanca azotea.
De vez en vez un rayo los cielos besotea.
Todavía en los bares el vino espumajea...
El caco en las cocinas husmea y mangonea...
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Un gato enarca el lomo junto a una chimenea
y en las cosas de la urbe medita y fantasea...
Septiembre, 1910.
[Nota 32]: Plantas acuáticas viajeras.
ORACIÓN AL DIOS APOLO
I
Padre de la Armonía, fuente de gracias líricas,
que en piafantes corceles exploras el azur:
detén el nervioso ímpetu de tus fuertes bridones
ante el himno que reza por tí la Juventud.
Te amamos, padre Apolo, por tu tirso de rosas,
por tus bellos pegasos, por tu carro de luz,
porque tienes la lira, y la flauta y el pífano,
la siringa, el salterio, el sistro y el laud.
II
En estos días trágicos en que el bárbaro esquilmo
en esta tierra idílica alza su pabellón,
en que nos hiere el fuerte, porque nacimos débiles
y tiramos del carro del colonizador;
danos el ritmo olímpico de tu música sacra
y la dulce armonía de tu nueva canción,
y ante el dolor, estóicos, el mundo cruzaremos
del Ideal incólume volando siempre en pos.