locuras, y dulces visiones de rostros fugaces

con rezos y risas en labios de ingenuo carmín,

hermético fuiste al amor y su gaya conquista.

Lo raro anidaba en tu airosa melena de artista,

y raras orquídeas poblaban tu austero jardín...

En odio implacable a todo lo inicuo y nefario,

tu mente inflamaba una arenga del nuevo Brumario

o un trozo del «Noli»; adorabas a Ibarra

[5]