LA FARÁNDULA PASA...


VIRGINIA DÉJAZET

Alejandro Dumas hizo inútilmente cuanto pudo para obligar á Virginia Déjazet, que entonces triunfaba sobre el escenario del «Vaudeville», á representar «La dama de las camelias».

—Sería un nuevo triunfo para usted—decía el célebre autor adorado de las mujeres;—¿acaso no le gusta á usted el tipo de Margarita tanto ó más que el de Frétillon?

—¡No, señor, al contrario!

—¿Cómo? ¿por qué?

—Muy sencillo: porque Frétillon se da, y Margarita Gautier se vende...

Y esta breve contestación, llena de espiritualidad y de delicadeza, retrata toda el alma de la actriz famosa; alma rebelde, paradójica, elegante, irónica, cínica y sentimental á la vez, como la de Richelieu ó la del duque de Lauzun, y que parece una síntesis ó evaporación del gran espíritu adorable de París.

«Mi vida—escribía la Déjazet á cierto adorador que la invitaba á publicar sus «Memorias»,—es mucho más sencilla de lo que creen, y no ofrecería nada de muy interesante, pues ni tengo bastantes vicios para atraer la curiosidad, ni tampoco las virtudes necesarias para aspirar á ser admirada».