Rica.
DON PABLO
SANTIAGO
¡Quiá! Esa, pasó. Anoche quise verla y anduve rondando su calle, y como había luz en su cuarto, empecé á llamarla á gritos: «¡Victoria... Victoria!...» Y en la quietud de la calle, ancha y silenciosa, el eco respondía: «¡Victoria... Victoria!» Hasta que llegó un guardia y me dijo: «Caballero, por bien que le hayan salido á usted sus asuntos, hágame el favor de callar. Son las dos de la madrugada.»
GABRIELA y RAMONA
¡Tiene gracia!
SANTIAGO
Y me fuí. Pero la de ahora sí que es guapa... ¡Oh!...
DON PABLO