ARACELI

Tantos, tantos me diste, Daniel... que mi alma, toda mi pobre alma es una llaga.

DANIEL

No recuerdo ninguno.

ARACELI

¡Si lo sé! Pues ese, ese es, cabalmente, mi mayor dolor: que me lastimas sin advertirlo, por distracción... como sólo pueden hacerlo los que no quieren.

DANIEL

¡Ahora salimos con que no te quiero!

ARACELI

No, Daniel, no; aquello se fué...