DANIEL
¡Al contrario! Todos estamos muy cuerdos, porque cada cual defiende lo suyo, lo que más quiere. Por eso, para no molestar nos mutuamente, repito que me iré.
ARACELI
Nadie te ha despedido.
DANIEL
Indirectamente, sí.
ARACELI
Eso, no; yo no te despedí. (Orgullosa.) Ahora, claro es, tú eres libre y, como tal, dueño de hacer lo que más te agrade.
DANIEL
Por eso me iré; ya no te convengo porque no te divierto, y debo marcharme. Mi delicadeza lo entiende así.