PACO

Vamos, ya... tú crees que ella tiene razón.

DANIEL

No... tampoco. Araceli, á mi juicio, tiene razón, pero tú también defiendes un deseo justo... (Riendo con amargura.) ¡Qué vida... qué incomprensible vida esta, en la que todos, así el golpeado, como el que golpea, tienen razón!

PACO

Es muy cómodo decir: «Hoy no tengo ganas de salir», y quedarse en casa. O bien: «Hoy el cuerpo me pide retozo; llévame al campo...» Y el hombre, entretanto, convertido en figura decorativa, hecho un mamarracho, á disposición de la señora... ¡Eso, que se te quite de la cabeza! Tú vienes al baile porque yo deseo que vengas, ni más ni menos... porque tienes la obligación de divertirme, porque para eso vivimos juntos.

ARACELI

Bueno, Paco, iré... (A Daniel.) ¿Tú ves qué suplicio?

PACO

Pues, deprisita, deprisita... ¡que se hace tarde! (Dentro y por la derecha resuenan grandes carcajadas.)