DANIEL
No llores... Araceli... mi pobre Araceli... no llores... ¿para qué?... No se hable más de aquello, porque todos estamos pagados y en paz: lo que tú hiciste conmigo, lo hice yo con otra, y ahora Paco lo hace contigo. La vida es un veneno compuesto con mieles de amor, que va resbalando al través de los siglos de una boca á otra boca; y así, el hastío que tú bebiste en mis labios, se lo das á Paco ahora; y él, cuando sea viejo, besará otros labios jóvenes, y con el beso que les dé, les dará también el dolor... (Pausa larga.)
ARACELI
¡Qué frío!... ¿No te parece que hace mucho frío esta noche?
DANIEL
Sí, mucho frío... A Teresa se lo dije antes.
ARACELI
(Acercándose á la ventana). Pues, no... los burletes ajustan bien; por aquí no entra ni pizca de aire.
DANIEL
Habrá por ahí alguna puerta abierta.