¡Ese! Como sabes, Casimiro está casado y tiene un hijo de veintidós ó veintitrés años, que se llama Antonio, y es «el ojito derecho» de su madre. (Bebe.) ¡Ah, y que no toquen á Antoñito, porque doña Cecilia se vuelve loca! ¿Usted se entera, marqués?
DANIEL
Sí, mujer, sigue.
RAQUEL
Pues dice Nicolás que Antoñito se enamoró, pero como una fiera, de una muchacha pobre, planchadora por más señas, y que á todo trance quería casarse con ella. Hasta que se lo dijo á su padre, á don Casimiro... y desde aquel día, el pobre muchacho no hizo más que llorar por los rincones, enflaquecer y quedarse sin color. Los médicos decían que iba para tísico.
LUISA
Como si estuviese embrujado, ¿comprendes?
RAQUEL
Hasta que doña Cecilia le cogió por su cuenta y, por buenas ó por malas, le arrancó el secreto de su pena.—Es que estoy enamorado de una mujer y no puedo casarme con ella—decía el chico.—¿Y por qué?—Porque no puedo.—¿Pero por qué no puedes?...—Hasta que cantó:—Porque mi padre me ha dicho que esa muchacha... ¡es hija suya!...
ARACELI