Sí que lo vas arreglando.
ROBERTO
¡Pobrecilla!... Ya veo la mesa, la mesita blanca... con dos cubiertos... Uno para tí para mí el otro...
ALICIA
Pues, la verdad; aunque sé lo zascandil que eres, te esperaba.
ROBERTO
¿Lo veis?... Me esperaba... ¿lo oís?... ¡Me esperaba! Y su corazón brincaba gozoso con mi recuerdo. ¡Pero, señor!... ¿Es posible que á mi edad se inspiren todavía pasiones así?...
VICTORIA
ELENA