Lo mismo que el hombre, considerado aisladamente, la sociedad en conjunto puede compararse con el agua que corre. A todas horas, en todos los instantes, un cuerpo humano, una simple milmillonésima parte de la humanidad se rinde ó se disuelve, mientras que por otra parte sale un niño de la inmensidad de las cosas, abre sus ojos á la luz y se convierte en sér pensante. Como en una llanura todos los granos de arena y glóbulos de arcilla han sido arrastrados por el río y depositados sobre sus orillas, todo el polvo que cubre el planeta ha corrido con la sangre del corazón en las arterias de nuestros antepasados. A través de las edades, las generaciones se suceden modificándose poco á poco; los bárbaros, con su aspecto bestial y luchando por la preeminencia con las fieras, fueron reemplazados por seres más inteligentes, á los cuales la experiencia y el estudio de la naturaleza han enseñado el arte de domesticar los animales y cultivar la tierra; luego, por el progreso, los hombres llegan á fundar ciudades, á transformar las primeras materias, á cambiar sus productos, á ponerse en relaciones con todas las partes del mundo; así se civilizan, es decir, se ennoblece su tipo, su cerebro es más vasto, su pensamiento más amplio, y, ensanchándose el círculo de las concepciones, los hechos vienen á agruparse en el espíritu. Cada generación que perece precede á otra diferente, que á su vez, da impulso á otras. Los pueblos se mezclan unos á otros como los arroyos entre sí y los ríos con los ríos; tarde ó temprano no formarán más que una sola nación; lo mismo que todas las aguas de una misma cuenca, concluyen por confundirse en un mismo río. La época en la que todas esas corrientes humanas se juntarán, no ha llegado todavía: razas y pueblos diversos, siempre aferrados á la gleba natal, no se han reconocido como hermanos, pero se aproximan más cada día; cada día también aumenta el amor, y, de concierto, empiezan á mirar hacia un ideal común de justicia y libertad. Los pueblos que han llegado á ser inteligentes, aprenderán á asociarse libremente: la humanidad, dividida hasta aquí en corrientes distintas, no será más que un mismo río, y reunidos en una sola corriente, descenderemos juntos hacia el mar inmenso donde van á perderse y renovarse todas las vidas.
ÍNDICE
Capítulos
I.—La fuente
II.—El agua del desierto
III.—El torrente de la montaña
IV.—La gruta
V.—La sima
VI.—El barranco
VII.—Los manantiales del valle
VIII.—Las corrientes y las cascadas
IX.—Las sinuosidades y los remolinos
X.—La inundación
XI.—Las riberas y los islotes
XII.—El paseo
XIII.—El baño
XIV.—La pesca
XV.—El riego
XVI.—El molino y la fábrica
XVII.—La navegación y la armadía
XVIII.—El agua de la ciudad
XIX.—El río
XX.—El ciclo de las aguas