—¡Aquí está!—dijo—. Baja, Lu-Hang.
El pescador se sumergió y se dirigió hacia popa, después de haberse desembarazado de la hen-pu (larga blusa de amplias mangas) y del ken-ku (especie de calzones cortos que usan los pescadores y que forman un doble pliegue sobre el vientre).
—Hacia allí—le dijo Van-Stael, indicándole el sitio donde sospechaba que estaba el boquete.
Se vió al pescador caminar por debajo del agua, llevando fuera la mano con que sostenía la linterna. Pocos minutos después salió, y dijo:
—Capitán, alguien ha hecho traición.
—¿Qué quieres decir?
—Que alguien ha abierto una cala en el barco.
—¿Alguien?
—Sí, Capitán. Mis manos han tropezado con un hacha, clavada aún en la madera.
—Y ¿quién puede haber sido ese criminal?