—¡Por la niña Clota!...

—¡Por la futura del patrón!...—gritaron en coro todos, cuando llegó Ramona que, tocando suavemente en el hombro a Melchor, le dijo:

—Se avista a don Ricardo que viene con Juancito—y regresó a las piezas de la casa, no sin mirar despreciativamente a la rabia enrojecida que su patrón tenía al lado.

Momentos antes de terminar el almuerzo llegó Ricardo que, al encontrarse con Melchor; lo abrazó efusivamente:

—¡Que los cumplas muy felices!

—¿Cómo te fue?...

—¡Perfectamente!...

—¿No te dije?...

—...hasta donde es posible—agregó Ricardo tomando asiento donde no había cabido el hermano de las rubias.

Terminado el almuerzo, se entregaron los invitados a tocar la guitarra y payar algunos, otros a jugar a las bochas, la taba o el truco, mientras los invitados a la mesa de Melchor se dirigieron con éste a la sala para oír a Ricardo en el piano.