—Muy explicable, por todo concepto; porque, ante todo, de algo hemos de hablar para entretener el viaje, y en vez de discutir sobre modas, el tema religioso puede darnos base para que ustedes tengan algo de lo que les falta.
—Lo que a mí me falta no me lo dará la religión—dijo Ricardo.
—Por lo pronto te ha dado tema para hablar con más vivacidad de la que te es habitual.
—Lo mismo pasaría si habláramos de modas.
—¡No, ché, Ricardo, por favor! No hablemos de modas por más que sea el tema predilecto de los hombres de... la actualidad.
—Eso es cierto—dijo Lorenzo,—más de una vez lo he comprobado.
—Yo lo he comprobado cuantas veces he visto reunidos media docena de caballeros y de damas.
—No diré tanto; pero es frecuente...
—¡Es fatal! en las reuniones de hoy se juega o se habla tonteras; yo no me he encontrado en ninguna reunión en que no se haga una de estas dos imbecilidades.
—Tú exageras demasiado, Melchor: hay sin duda en nuestro ambiente social mucha superficialidad, pero hay muchos estudiosos y no escasean los centros realmente intelectuales.