«Aquél no puede ser el mayor Señor que tiene temor de alguna cosa.»

«Más vale la libertad en el querer, en el recordar y en el saber que poseer un reino o un imperio.»

Al terminar esta lectura se desvaneció nuevamente en la atmósfera cual vana visión.

Cuando estuvieron otra vez en la calle, Ramiro preguntó:

—¿Cómo llamáis a este hombre?

—Mosén Raimundo.

—¿Y sabéis de qué suerte se hace invisible?

—Yo entiendo que mediante la piedra heliotropio, tratada de misteriosa manera.

—Y si es dueño de tanto poder, ¿cómo no se hace él mesmo señor de algún imperio?—agregó Ramiro, con la voz estremecida.

—Porque éstos componen la familia santa de los magos, a la cual pertenecieron los tres Reyes Gaspar, Baltasar y Melchor, y el famoso Simón, e nuestro Rey Alfonso a quien llamaban el Sabio; e los de agora, en castigo de no haber podido esclarecer ciertos secretos, cuya cifra se perdió en el incendio de una gran librería de la antigüedad, siguen ascondidos en sus covachas, estudiando sin cesar; pero ansí que uno de ellos pueda decir: ¡Eureka!, volverán a tomar el gobierno del mundo que antes les perteneció, según rezan los más antiguos documentos.