La doctrina sustentada y expuesta por Mr. Ward, de acuerdo principalmente con MM. Gumplowicz y Ratzenhofer, según la cual la sociedad política debe su origen a la violencia, y el Estado es el producto de la conquista, es conocida con el nombre de darwinismo social.

«Examinando las cosas objetivamente, dice todavía Mr. Ward[7], se encuentra que la guerra ha sido la condición principal y directiva de los partidarios de la paz, si hubieran prevalecido, habría sobrevenido tal vez la pacificación universal, quizá una mayor suma de contentamiento; pero no habría habido ningún progreso. El péndulo social habría ido reculando sucesivamente en oscilaciones más y más cortas hasta el momento en que hubiera llegado al punto muerto, y habiendo la sociedad logrado el equilibrio, todo movimiento hubiera concluído».

Ha impugnado esta teoría el sociólogo J. Novicow en su libro La Justice et l'Expansion de la vie (Paris-Alcan, 1905) y como para rebatirla busca en especial sus puntos de ataque o de referencia en la Pure Sociology de nuestro autor. Vamos a citar algunas de las ideas de M. Novicow.

La aparición de la inmortal obra de Darwin sobre «El Origen de las Especies», en 1859, vino a acelerar los progresos de todas las ciencias y a marcarles nuevos rumbos. Los principios de la contención y de la lucha se aplicaron a todos los ramos del saber humano; pero, como sucede siempre en estos casos, el impulso fué más allá de donde debió ir y los espíritus no supieron hacer las distinciones necesarias entre las contenciones y colisiones del mundo sideral, las del mundo biológico, y las del mundo social. La lucha es universal, pero sus formas, sus procedimientos varían extremadamente y es tanto más compleja cuanto más complejo es el campo de acción en que se verifica. Esta es ya una circunstancia que diferencia mucho a las luchas sociales de las demás luchas.

La lucha astronómica (empleando una expresión algo metafórica) tiene lugar por el procedimiento de la atracción. Los astros que andan errantes en el espacio atraen las masas de materia que caen dentro de su esfera de atracción y se las quitan a los astros rivales. Los más felices en estos combates se convierten en soles enormes, los más desgraciados sólo son estrellas modestas y pequeñas.

La lucha biológica entre los animales se efectúa por medio de procedimientos muy diversos. Un animal se arroja sobre otro, lo mata, se lo come y se asimila su substancia en virtud de la digestión.

Hay seguramente luchas sociales como las hay astronómicas y biológicas; pero de tal aserto no se infiere de ninguna manera que los procedimientos de las luchas sociales deban ser idénticos a los procedimientos de las luchas biológicas, como los de éstas no lo son a los de las llamadas luchas astronómicas. Un animal no se apropia directamente células arrancadas a otro animal, sino que las asimila por medio de la digestión; y la latinización de la Galia fué hecha por medios muy diferentes de la digestión que se opera cuando un león se come a un antílope.

El darwinismo ha hecho olvidar también que existe otro fenómeno tan general y tan constante como la lucha: la asociación; y dentro de los seres que pueden asociarse los procedimientos de contensión, son muy diversos de los que se gastan entre los que no se asocian. Es un error, pues, identificar las luchas humanas con las luchas zoológicas que se llevan a cabo entre animales de especies diversas, de las cuales unas sirven, naturalmente, de substancia alimenticia a otras. Es menester identificar las luchas humanas con las que se efectúan entre las células de un mismo organismo biológico.

Al afirmar el darwinismo social que las formas superiores de la asociación humana sólo son posibles por medio de la guerra, incurre en contradicciones fundamentales. Tal observación implica la idea de que actos de disociación puedan producir la asociación y que actos patológicos sean normales. En efecto, la guerra no es más que una serie de homicidios y de destrucciones de la riqueza; significa una disminución de la intensidad vital, un estado patológico de los individuos.

Afirmar, pues, que se aumenta la intensidad vital de las sociedades por medio de la guerra equivale a afirmar que con las enfermedades aumenta la salud de los hombres.