En verdad, la controversia ha provenido más bien de la falta de comprensión de las ideas que se combaten. Comte no ha sostenido que sean las ideas teóricas las que gobiernen al mundo. Éstas son sustentadas sólo por un pequeño número de personas y no dan el principal impulso a los movimientos sociales. A las ideas que se ha referido Comte, son a las incorporadas en la masa de la sociedad, a las opiniones, como él mismo lo dice. Su famosa ley de las tres edades, se refiere a esa clase de ideas y su Política Positiva podría ser denominada también «Plan para convertir las ideas positivas en ideas corrientes o para hacer que el pensamiento científico sea tan universal como en otro tiempo lo fué el pensamiento religioso».
Es posible afirmar que las ideas corrientes o universales en cualquier tiempo han sido y son simples creencias. La característica de éstas es que son sustentadas sin prueba o evidencia suficiente. ¿Sobre qué descansan entonces? Sobre intereses, sobre sentimientos que constituyen el núcleo de lo que se considera necesario a la conservación de la especie y del individuo. Están formadas por afirmaciones a veces ni evidentes ni probadas, sobre las cuales los hombres en masa no admiten discusión ni réplica.
Este elemento del interés es, pues, el que liga las creencias a los deseos y reconcilia las interpretaciones ideológica y económica de la historia.
Cada creencia envuelve un deseo o más bien una gran cantidad de deseos y ahí se halla la base de su poder para producir efectos. La creencia o la idea considerada como un fenómeno puramente intelectual no es una fuerza. La fuerza descansa en el deseo, el cual no puede ser ocasionado por la creencia. Los deseos son aspiraciones que nacen de la naturaleza del hombre y de las condiciones de la existencia. Son aspiraciones que requieren satisfacciones, y la suma total de las influencias internas y externas que obran sobre un grupo o un individuo conducen a la conclusión, creencia o idea de que cierta proposición es verdadera. Esta proposición, aunque pueda ser expresada en forma indicativa como una verdad independiente, es esencialmente un imperativo y exige la ejecución de ciertas acciones consideradas esenciales para la conservación del individuo o del grupo.
Así las ideas de que hemos hablado y que son las tomadas en cuenta por los partidarios de la interpretación ideológica de la historia, son aquellas ideas, opiniones o creencias que han sido formadas por las condiciones económicas de la existencia, tomando el término económico en su más amplio sentido. Dichas creencias son consideradas fundamentales para la vida de la sociedad y son aceptadas por todos o por el mayor número de los individuos sin considerar la mucha o poca verdad objetiva que encierren.
Ahora, cuando las creencias que se desenvuelven de la manera que se ha visto, resultan ajustadas a la verdad, no hay más que regocijarse de ello; pero cuando no sucede así y las creencias son falsas, como acontece con las ideas antropomórficas y con casi todas las religiones, se llega a la raíz de los males de que padece la raza humana: el error. Sus consecuencias han sido y son inmensas y funestas.
He aquí algunas de ellas[11] consideradas principalmente desde un punto de vista religioso.
I. Automutilación.—Constituye una costumbre muy extendida, que se practica principalmente en los funerales, con el objeto de apaciguar al espíritu que ha partido, o en otras circunstancias para satisfacer a algún dios.
II. Superstición.—Bajo este nombre se comprenden un gran número de costumbres y prácticas que, aunque generalmente no producen la destrucción de la vida humana, restringen la libertad de acción y llenan la mente de temores y miedos infundados. Es la superstición una barrera para el progreso intelectual y material, y especialmente grave cuando pasa del estado de barbarie al de civilización y se infiltra en éste. Como un ejemplo se puede citar el conocido caso de la oposición que hallaron los ferrocarriles en la China porque el ruido y el movimiento iban a molestar a los muertos.
III. Ascetismo.—Es desconocido para los salvajes y apenas posible en un estado de verdadera barbarie. Ha debido nacer en un grado más alto de desarrollo intelectual. Aunque basado en el temor, contiene algunas esperanzas que hace que sea esencialmente egoísta.