La conversion de Izate fué seguida de la de su hermano Monobaze y de casi toda la familia. En el año 44, Elena pasó á fijarse en Jerusalem, en donde hizo construir para la casa real de Adiabene un palacio y un mausoleo de familia que todavía existe[768]. Se hizo querer de los judíos por su afabilidad y sus limosnas. Daba gozo verla, como una piadosa judía, frecuentar el templo, consultar á los Doctores, leer la Ley, y enseñarla á sus hijos. En la peste del año 44, aquella santa mujer fué la providencia de la ciudad, pues mandó comprar una gran cantidad de trigo en Egipto, y de higos secos en Chipre. Izate, por su parte, envió sumas considerables para ser distribuidas entre los pobres. Las riquezas del Adiabene se gastaban en parte en Jerusalem, donde vinieron los hijos de Izate para aprender los usos y la lengua de los judíos. La familia citada fué un gran recurso para aquel pueblo de mendigos. Habian tomado como un derecho de ciudadanía en Jerusalem, en donde se encontraron varios de sus miembros durante el sitio de Tito[769], al paso que otros figuran en los escritos talmúdicos como modelos de piedad y de desprendimiento[770].
Así es como la familia real de Adiabene vino á figurar en la historia del cristianismo. Sin ser cristiana, como han supuesto varias tradiciones[771], esta familia representó bajo diferentes conceptos las primicias de los gentiles. Abrazando el judaismo, obedeció al sentimiento que debia llevar al cristianismo al mundo pagano entero. Los verdaderos israelitas para con Dios lo eran más bien aquellos extranjeros, animados por un sentimiento religioso tan profundamente sincero, que no el fariseo soberbio y perverso, para quien la religion no era más que un pretexto de ódios y desdenes. Aquellos buenos prosélitos no eran fanáticos en lo más mínimo porque eran verdaderamente santos. Admitian que la verdadera religion podia practicarse con los códigos civiles más diversos; separaban completamente la religion de la política. La distincion entre los sectarios sediciosos que se proponian defender rabiosamente á Jerusalem, y los pacíficos devotos que, al primer rumor de guerra, habian de refugiarse en las montañas[772], se manifestaba cada dia más.
Vemos, pues, que la cuestion de los prosélitos se presentaba del mismo modo en el judaismo que en el cristianismo. De una y otra parte, se sentia la necesidad de tener más tolerancia, y para los que consideraban la cuestion bajo este punto de vista, la circuncision era una práctica inútil ó perjudicial, y las observancias mosáistas una simple señal de raza, que solo tenia valor para los hijos de Abraham. Antes de ser una religion universal, el judaismo se veia obligado á limitarse á una especie de deismo, que únicamente imponia los deberes de la religion natural. Habia de cumplirse con ello una mision sublime, y una parte del judaismo, en la primera mitad del siglo I, lo hizo de una manera muy inteligente. Por un lado, el judaismo era uno de los innumerables cultos nacionales[773] que llenaban el mundo y cuya santidad no reconocia otra causa que la de haber sido practicado por sus antepasados; por otro, el judaismo era la religion absoluta, hecha para todos, y destinada á ser adoptada por todos. El espantoso desbordamiento de fanatismo que se desarrolló en Judea y que originó la guerra de exterminio, destruyó este porvenir. El cristianismo fué el que se encargó de proseguir por su cuenta la tarea que la sinagoga no habia sabido llevar á cabo. Dejando aparte las cuestiones rituales, el cristianismo continuó la propaganda monoteista del judaismo. Lo que favoreciera el éxito del judaismo con las mujeres de Damasco, en el serrallo de Abennerig, con Elena y otros tantos prosélitos piadosos, fortaleció al cristianismo en el mundo entero. En tal concepto, la gloria del último se confunde verdaderamente con la del primero. Una generacion de fanáticos privó al judaismo de su recompensa, y le impidió recoger la cosecha que habia preparado.
CAPÍTULO XV.
Movimientos paralelos al cristianismo ó imitadores del cristianismo. — Simon de Gitton.
Año 45
El cristianismo está ahora realmente fundado. En la historia de todas las religiones, solo se encuentran obstáculos durante los primeros años; mas cuando una creencia ha resistido las duras pruebas por que ha de pasar toda nueva fundacion, está asegurado su porvenir. Los fundadores del cristianismo, más hábiles que los otros sectarios del mismo tiempo, esenianos, baptistas y partidarios de Judas el Gaulonita, que no salieron del mundo judío y perecieron con él, se lanzaron bien pronto al mundo con la mayor resolucion y ocuparon en aquel su puesto. Las pocas citas que sobre cristianos encontramos en Josefo, en el Talmud, y en todas las obras de los autores griegos y latinos, no debe sorprendernos. Josefo ha llegado hasta nosotros por los copistas cristianos que han sabido suprimir todo lo que era contrario á su creencia; pero podemos suponer que hablaba con más extension de Jesús y de los cristianos, que la edicion que ha llegado hasta nosotros. El Talmud sufrió tambien durante la edad media[774] y despues de su primera publicacion, varias supresiones y alteraciones, pues se ejerció la censura cristiana sobre el texto con mucha severidad, y fueron quemados una multitud de desdichados judíos por haber tenido en su poder un libro conteniendo páginas consideradas como blasfematorias. No es tampoco sorprendente que los escritores griegos y latinos se preocupen poco de un movimiento que no pueden comprender y que tuvo lugar en un pequeño mundo cerrado para ellos. El cristianismo se pierde á sus ojos sobre el oscuro fondo del judaismo; esto fué una querella de familia en el fondo de una nacion abyecta; ¿á qué ocuparse de ello?
Los dos ó tres pasajes en que Tácito y Suetonio hablan de los cristianos, prueban que algo extraordinaria debia ser la secta nueva, cuando traspasó el círculo ordinario de la publicidad, y al poco tiempo, á través de las nubes de la indiferencia general, comenzó á destacarse vigorosamente.
Por lo demás, lo que contribuyó á borrar un poco las formas del cristianismo en la historia del mundo judío en el primer siglo de nuestra era, es que no fué un hecho aislado. Philon, en la hora á que hemos llegado, habia concluido su carrera, consagrada enteramente al amor del bien. La secta de Judas el Gaulonita dura todavía: el agitador tuvo como continuadores de su pensamiento á sus hijos Jacobo, Simon y Menahem: pero los dos primeros fueron crucificados por órden del procurador Tiberio Alejandro[775]. En cuanto al tercero, desempeñará en la catástrofe final de la nacion un importante papel[776]. El año 44, un entusiasta llamado Teudas[777] se presentó anunciando una próxima libertad, é invitó á la multitud á que le siguiera al desierto, prometiendo, cual otro Josué, hacerle pasar el Jordan á pié enjuto; ya que este pasaje era segun él el verdadero bautismo que debia iniciar á cada uno de sus fieles en el reino de Dios. Siguiéronle más de cuatrocientas personas; pero el procurador Fado, mandó contra él á la caballería, dispersólos y le hirió[778]. Algunos años antes se habia levantado toda la Samaria á la voz de un iluminado que pretendia haber tenido una revelacion en el lugar de Garissim, donde Moisés habia ocultado los instrumentos sagrados del culto. Pilatos habia reprimido con gran rigor este movimiento[779]. En cuanto á Jerusalem, la paz habia acabado para ella, pues á contar desde la llegada del procurador Ventidio Cumano (año 48), los trastornos no cesaron; la excitacion habia llegado á tal punto, que la vida era insufrible y las circunstancias más insignificantes producian estallidos[780]. Sentíase una extraña fermentacion, una especie de turbacion misteriosa; por todas partes se multiplicaban los impostores[781]; los terribles zelotas (Kenaïm) ó sicarios, empezaban á aparecer; y varios miserables armados de puñales se metian entre la multitud, herian á sus víctimas, y eran los primeros que gritaban al asesino. No se pasaba dia sin que se cometiera alguno de estos asesinatos; extendiéndose el terror de una manera extraordinaria. Josefo presenta los crímenes de estos sicarios como cometidos por bribones[782], pero no es dudoso que el fanatismo se mezclaba en ello[783]: para defender la ley aquellos miserables se armaron del puñal: el que faltaba segun ellos á las prescripciones legales, veia pronto pronunciada y ejecutada su sentencia. Con ello creian llevar á cabo la obra más meritoria y más agradable á Dios.
Escenas análogas á las de Teudas, renovábanse por todas partes. Varios personajes pretendiéndose inspirados sublevaban el pueblo y le arrastraban consigo al desierto, bajo el pretexto de hacerle ver por signos manifiestos que Dios iba á librarles. La autoridad romana deseaba exterminar á estos agitadores[784] que reunian las gentes á millares, en términos de que en el año 56, un judío que vino de Egipto á Jerusalem, con su prestigio consiguió atraer más de treinta mil personas, entre las que habia cuatro mil sicarios. Desde el desierto, queria llevarles al monte Olivete, para ver desde allí, segun decia, caer las murallas de Jerusalem á su solo mandato. Félix, que era entonces procurador, marchó contra él y dispersó á su gente, pero el egipcio se salvó y no pareció más[785]. Sin embargo, así como en un cuerpo enfermizo los males se suceden unos á otros, viéronse pronto partidas mandadas por mágicos y ladrones que conducian claramente al pueblo á revolucionarse contra los romanos, amenazando de muerte á los que continuaran obedeciéndoles. Bajo este pretexto maltrataban á los ricos, decomisaban sus bienes, quemaban sus casas, dejando en toda la Judea huellas de su furor[786]. Anunciábase una guerra espantosa: reinaba fuerte agitacion por do quier, y las imaginaciones se mantenian en un estado cercano á la más completa locura.